Hoy os voy a contar el día del nacimiento de mi hijo Hugo. La verdad es que se me antoja muy especial ese día y cada vez que lo recuerdo ...

El día del nacimiento de Hugo - MI EXPERIENCIA EN EL PARTO

abril 03, 2019 Laura Gavilán 2 Comentarios



Hoy os voy a contar el día del nacimiento de mi hijo Hugo. La verdad es que se me antoja muy especial ese día y cada vez que lo recuerdo y veo lo grande que está ahora, la nostalgia me atrapa por unos instantes.

Todo empezó cuando la mañana del día 27 de Diciembre de 2017, me desperté con una pequeña molestia en la espalda, me despedí de David como cualquier otro día pero esta vez mis palabras fueron distintas: cambié el "que tengas un buen día" por "mantente hoy atento al móvil". Acto seguido me percaté de que mi barriga (que había estado altísima todo el embarazo) ahora estaba muy baja y todo mi cuerpo estaba hinchado, así que le hice esta foto a mi barriga:

embarazo

En este momento me dí cuenta de que el parto estaba cerca e hice lo que toda mujer habría hecho: me depilé (como bien pude) el juju (creo que se quedó estilo punk pero la verdad... en el momento del parto me importó bien poco)

Pasaron las horas y mis contracciones eran muy leves y no tenían ritmo fijo. Cuando David vino del trabajo, como papás novatos que somos, decidimos ir al hospital a que me revisaran si estaba de parto o no, intuyendo que volveríamos a casa de nuevo. Y efectivamente así fue. Según el ginecólogo aún me quedaba mucho para dar a luz y podían ser varios días. Fue entonces cuando al salir del hospital surgió mi último antojo, que no podía ser otro que McDonald. Así que fuimos al más cercano al hospital. Recuerdo que en algún momento de la comida dije:

"tengo otra contracción, ve a por servilletas mientras se me pasa, porfa"

rápidamente, una chica que trabajaba en el restaurante me las trajo con cara asustada como si fuese a tener que ayudarme a parir. Acto seguido volvimos a casa donde pasé las horas encima de mi pelota de pilates.

Pero de pronto, empezaron los vómitos y cabe decir que todo mi embarazo estuvo marcado por hiperemesis gravidica (vómitos severos durante todo el embarazo) y cuando ya había vomitado 3 veces me empezó a asustar la idea de llegar al momento del parto sin energía (como ya me había visto en anteriores ocasiones) así que con calma David y yo nos preparamos para ir al hospital, pensando que esta vez me pondrían suero para que no me deshidratase. Y quién me iba a decir a mi que fue en este momento en el que se desencadenó el CAOS.

Nada más llegar me metieron por urgencias hacia monitores, me hicieron revisión y me dijeron que todo estaba bien y que seguía exactamente igual que por la mañana, pero que como estaba vomitando y mi historial marcaba hiperémesis me dejarían allí ingresada y me pondrían un suero para que al otro día pudiese irme a casa a seguir tranquila con mis contracciones. Mientras me miraban las contracciones, o "ponían al caballo a cabalgar" (como dice David) en la habitación de al lado estaba una chica esperando para ponerse la epidural pero no de cualquier forma: estaba gritando maldiciendo a enfermeros, al marido y a todo lo que veía a su alrededor, así que yo pensaba que mis contracciones eran aún muy leves (aunque ya me andaban doliendo bastante) puesto que yo aún no tenía ganas de insultar a David ni de epidural.

Y allí estaba yo, en la habitación cuando de pronto aparecen por la puerta mi madre y mi tía a las 23:00 de la noche. Mi tía ya sabía que yo quería bailar en mi parto y así lo hicimos:



Justo después las mandé para casa puesto que soy consiente de que ellas tienen sus quehaceres y mientras mi madre acompañó a David al coche a por la bolsa del parto (recomendación de la enfermera por si acaso acababa poniéndome de parto esa misma noche) yo intenté echarme una siestecita con la vigilancia de mi tía. Cuatro minutos. Eso eran lo que duraban mis contracciones en ese momento y lo que duró mi siesta. Me desperté y salí corriendo al baño diciendo (y perdón por la bordería):

"¡Que me cago!"

mi tía corrió y llamó a la enfermera, mientras tanto yo en el baño descubrí que no era eso lo que me pasaba, intente hacer pis, pero lo que noté al ir a secarme no sabría como explicarlo, era algo pegajoso y duro. Salí del baño y me tope de bruces con la enfermera la cuál insistía en tumbarme en una cama para llevarme a exploración, pero yo quería ir andando. Aún en contra de mi voluntad decidí tumbarme y mientras me metían a exploración ya con mi madre y David a mi lado también, no paraba de echar a mi madre y mi tía, para que se fuesen a casa, pensaba que me explorarían y volvería a la habitación, pero no fue así.

Fue en este momento en el que la ginecóloga me dijo:

"ya viene, y no has roto la bolsa, nos enfrentamos a un parto velado"

Me veo obligada a hacer un inciso en este punto para explicaros cuál era la situación a mi alrededor: por un lado teníamos a la chica que estaba esperando la epidural que acababa de entrar a la sala de partos; por otro lado la enfermera avisando a David para que entrase a exploración y por último la ginecóloga llevándome a una sala de dilatación donde yo daría a luz puesto que la de parto estaba ocupada aún. La enfermera y la ginecóloga (las dos con poca experiencia) se vinieron a enfrentarse al nacimiento de Hugo mientras que David me buscaba en la sala de partos. El suceso gracioso fue la equivocación, por los nervios, de habitación. David entró en la sala de partos en lugar de dónde yo estaba. Cuando por fin encontró la sala donde yo estaba le pidieron que extendiese una sabana en el suelo y pusiese con mucho cuidado todo lo que había dentro de la caja para guardar el cordón umbilical (cosa opcional que quisimos hacer con Hugo). Y así lo hizo mientras yo, entre empujón y empujón, no podía parar de hablar y lo primero que dije fue:

"¿Pero sale o vuelve a entrar?"

Lógicamente se empezaron a reír, hasta yo lo hice, y culminé con el recuerdo de unas palabras que me dijo un viejo amigo de la familia:

" Ahora comprendo lo que decía Ángel Macias: que fácil es meterlo y que difícil sacarlo"

La ginecóloga y la enfermera no podían parar de reírse, y yo mientras preguntaba si me podían poner el gas de la risa, la ginecóloga rápidamente se dió cuenta de que la enfermera no tenía ni idea de que era eso, así que le dijo:

"sí, el gas, ve a buscarlo...

la enfermera salió de la sala y trajo un artilugio en el que se suponía debía yo respirar el aire de dentro, pero no funcionaba. Al siguiente empujón Hugo vino al mundo, recuerdo como lo pusieron encima de mi barriga dentro de una bolsa, con muchísimas venas, o eso es lo que se veía desde mi punto de vista. De pronto la ginecóloga dijo:

"Ha sido un parto velado, que suerte tenemos, esto no es nada común, te has portado como toda una valiente Laura, ahora hay que sacarlo de ahí para guardar la sangre del cordón rápidamente".

Hugo no traía ni un poquito de sangre. Él no se había dado ni cuenta de que había nacido. Le quitaron de encima una especie de tela, parecía seda y noté como todo el agua caía por mi barriga y mis piernas hacia debajo, a modo cascada, fue ahí donde por primera vez, vi su carita, con los ojos abiertos como platos. Me mantuvo la mirada con el cuello erguido durante unos segundos, los 3 segundos más intensos de toda mi vida. Mientras esto ocurría la ginecóloga pinzaba el cordón umbilical y se encargaba de guardar la sangre.

Por otro lado, un montón de personas del equipo médico entraba para ver el parto velado, aunque llegaron tarde, pues si le hubiésemos dejado más tiempo dentro de la bolsa no habríamos podido guardar la sangre del cordón, y David por su parte, no podía creérselo aún, estaba nervioso, intentaba torpemente coger el móvil para hacer fotos y avisar a la familia. Así que aquí os enseño las fotos que se pudieron sacar del momento, aunque debo deciros que me habría encantado poder haberle hecho fotos a Hugo dentro de la bolsa pero no pudo ser así.:





Ya podéis ver mi cara, aún hinchada, reflejando la molestia y el dolor que acababa de pasar y la gran felicidad que me recorría por el cuerpo erizando cada vello de mi piel. Tuvieron que cogerme algunos puntitos internos, para lo que me dijeron:


" Has demostrado ser toda una campeona, esto te lo hacemos así también, sin anestesia"


Tengo que admitir que al segundo punto pregunté:

"¿Faltan muchos?"

Mientras esto ocurría pesaban a Hugo, le medían y se lo daban a David, el cuál intentaba apañárselas para coger a un recién nacido por primera vez en su vida.

Después de esto, me levanté por mi propio pie, me tumbé en una cama donde me pusieron al pequeñín cerca y nos llevaron a una sala para practicar con más tranquilidad el piel con piel y el amamantamiento por primera vez en nuestras vidas.



Y en este momento fue donde me dí cuenta de que nuestra vida ahora había cambiado, entendí que ahora teníamos alguien que dependía 100% de nosotros, a quién querría toda la vida. Esa noche la adrenalina no nos dejo dormir ni un poquito, pero la sonrisa no se borró ni un solo segundo de nuestras caras. Me enamoró ver a David aprendiendo a ser padre a pesar del cansancio, cuidándome.

Y entonces, empezaron a llegar las visitas, los yayos (padres de David) que vinieron desde Madrid para ver a su primer nieto y mi madre que era su segundo nieto. Todos luchábamos torpemente por aprender a cogerle por lo pequeñito que era y a todos nos enamoró con sus ojos tan abiertos desde el primer instante de vida.

                         


Y hasta aquí el día de mi parto, espero que os haya gustado :)

2 comentarios:

  1. Genial, lo recuerdo muy emocionante y caótico aquél dia... Ademas recuerdo bien mi miedo a por ejemplo conducir con una cosa tan pequeña montada y pedirle a mi padre que "me escoltase" detrás de vuelta a casa xD

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    1. Sí, así fue. Pero lo hiciste genial. Vemos a los bebés tan pequeños e indefensos que es normal que el miedo se apodere de nosotros.

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